Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo; y él es la propiciación por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo (1 Juan 2:1).

Me asombra la grandeza de la misericordia de Señor contenida en esa pasaje. Aunque pareciera esconder una contradicción; (¿ cómo es que Juan escribe esperando que no pequemos y luego dice “si alguno hubiere pecado”?) lo que el pasaje refleja es como la suficiencia del sacrificio de Cristo nos ha sido dada no solo para perdonar nuestros pecados pasados, ¡sino también por los futuros! ¿No es eso glorioso?.

Lo que Juan plasma aquí, de manera mas o menos implícita,  es la realidad de todos los creyentes:  Que hay una batalla constante se libra en nosotros(Romanos 7:15-17; Gal 5:17); que mientras estemos en este mundo los estragos de la caída seguirán afectándonos y será solo hasta la redención final y la glorificación (1 Cor 15:53); que un día seremos plenamente librados, sin embargo, mientras ese día llega debemos perseverar, con la ayuda del Espiritu Santo y la confianza en Cristo, en la crucifixión de nuestros deseos carnales y cultivando nuestra santificación, la cual es también por la gracia del Señor.

Es en el contexto de esa lucha interna que quiero hablarte de 5 mentiras que escuchas cuando pecas.

No entraré en detalles acerca de su procedencia, si es el mundo, la carne o satanás. Sin embargo es mi oración que si has sido golpeado por alguna de ellas, la misericordia y la restauración del Señor puedan alcanzarte.

Dios no te perdona.

Creo que esa es la primera mentira que grita a nuestro oído cuando pecamos. Es un sentimiento de duda desalentador, nuestro pecado ciertamente nos separa del Señor, pero él siempre está dispuesto a perdonarnos. Su amor también se ha manifestado de manera abundante y si tu arrepentimiento es genuino, si realmente reconoces tu pecado y tu incapacidad para remediarlo, él es justo y fiel para perdonarte.

 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)

Puedes remediarlo

Ante la duda y la impotencia por haber pecado nuestra reacción siempre será tratar de repararlo saltándonos la cerca del arrepentimiento.
Esta es una mentira realmente absurda. ¿De qué otra manera pudiéramos remediar nuestro pecado? Nuestro orgulloso corazón responde: haciendo algunas cosas buenas.
No puede haber un engaño mas grande, Dios no espera que remediemos nuestros pecados con otras cosas buenas, aunque ciertamente, y en ocasiones el arrepentimiento demandará que reparemos algún daño que hayamos ocasionado (Luc 19:9) pero dicha actitud no sustituye el arrepentimiento.

Ese pensamiento viene incorporado en nuestra naturaleza caída. Fue esa la forma en la que Adán y Eva obraron cuando intentaron cubrir su desnudez con hojas de higo (Gen 3:7). Pero deja claro la Escritura que Dios los vistió, fue él quien proveyó de una túnica hecha con la piel de animales inocentes. (Gen 3:21)

Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. 
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios (Sal 51:16-17).

Puedes Ocultarlo

Siempre ha sido cierto que el pecado nubla nuestro entendimiento. Podemos obrar como torpes cuando rehusamos al arrepentimiento en busca de perdón. Muchos han creído  la mentira de que pueden pecar y seguir como si nada hubiese pasado, y no por que no sean cristianos, lo cual sería resultado de un corazón no regenerado; mas bien se trata de una actitud orgullosa al mismo tiempo que tonta. ¿En qué lugar pudieras esconderte? El Dios que habita aún en la mas pequeña de las moléculas del universo también sabe todas las cosas.

¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
 Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.(Sal 139: 7-8).

El problema mas serio es que si crees  esta mentira, tendrás que mentir una y otra ves (lo cual es mas pecado) para seguir manteniendolo en secreto.

No fue tu culpa.

Autojustificación; esta mentira consiste en pretender compartir la culpa. La idea es: – Si logro descargarme un poco de la culpa por mi pecado quizás pueda sentirme mejor y no tenga necesidad de arrepentirme –
Ese descargo puede ir sobre las circunstancias, sobre otras personas y en ocasiones hasta sobre Dios mismo.

Nuestros primeros  padres también actuaron en esa misma linea. Adán culpó a su mujer y luego a Dios (Gen 3:12), la mujer a la serpiente (Gen 3:13) y la serpiente, por ser el diablo, no tuvo a quien culpar.
[pullquote position=”right”]Oh, no puedes creer tal mentira. Todos debemos dar cuenta por nuestros propios pecados, y todos, individualmente necesitamos un arrepentimiento.[/pullquote]

El alma que peque, ésa morirá. El hijo no llevará el pecado del padre ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo recaerá sobre él y la impiedad del impío recaerá sobre él. Pero si el impío se aparta de todos sus pecados que cometió, y guarda todos mis estatutos y actúa conforme al derecho y la justicia, de cierto vivirá: no morirá. ( Ezequiel 18: 20-21).

¿Para qué pides perdón? Volverás a caer.

 

Esta es una muy dura prueba para un creyente. Lo que está en juego es su propia fe. Sin embargo un creyente verdadero confía en el poder preservador de Señor, cree que él produce en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad (Fil 2:13) y también tiene claro que no vendrá una prueba a su humanidad que sea mayor de lo que él pueda soportar, por que fiel es Dios que da juntamente con la prueba también la salida.
El creyente verdadero no confía en su propia fuerza ni en su propia justicia, su batalla contra el pecado es en Cristo.

Si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;  sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado,  porque, el que ha muerto ha sido justificado del pecado.  Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él,  y sabemos que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. (Rom 6:5-9)

Dios ha prometido nuestra glorificación y podemos descansar en esa promesa. Él no puede negarse a si mismo.

 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir,  ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Rom 8:38-39).

Conclusión

Podemos hoy reposar plenamente en su gracia, misericordia y fidelidad. Sabemos que Dios es perdonador y que él no rechaza al humilde de corazón y al que en arrepentimiento y fe reconoce su sacrificio como suficiente.

Puedes hoy escuchar su verdad, esa verdad eterna e inmutable sobre la cual descansamos confiadamente.

Porque él conoce nuestra condición;
Se acuerda de que somos polvo.  Salmo103: 14

Deseo que Dios te bendiga. Mi anhelo y oración es para que pueda serte de ayuda. No olvides compartirlo.

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