Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. (Jn 15:14)
 
La amistad es una de las relaciones que mayor refleja la imagen de Dios en los hombres. incluso en personas no cristianas vemos cómo se entrega de manera abnegada por años a preservar los vínculos con sus semejantes. Pero hay una tendencia natural al elevar la verdadera amistad a un plano meramente emotivo, de recuerdos, buenos momentos o buenas conversaciones y en ocasiones tomamos ese estándar para aplicarlo a nuestra relación con Dios.
 
Con frecuencia escucho a personas decir — Dios es mi “pana” — y otras expresiones coloquiales que expresan la informalidad de una relación; la idea es atribuir de este trato es pretender mostrar la relación de amistad con Dios en los mismos términos que es presentado en el mundo.
 
Jesús; hablando a sus discípulos les manifiesta que ahora ya no serán llamados  siervos, sino amigos; la razón es que como buen amigo, Jesús ha confiado a los suyos todo lo que el Padre le había dado, lo que era confidencial de su misión, él lo dio a conocer a sus discípulos. Usualmente los amos no hacían eso con sus siervos, pero sí con los amigos; sin embargo, Jesús no espera que ellos reaccionen de otra forma que no sea haciendo todo lo que el ha mandado. Jesús no propone una amistad informal a los apóstoles, ni tampoco al resto de sus seguidores; es una relación basada en recibir lo que él tiene que decirnos y vivir cumpliendo sus ordenanzas.
 
Es, por tanto, un error medir nuestra relación con Dios como lo hacemos con los demás hombres. Nuestra relación de amistad con Dios no está determinada por el trato personal e informal que damos a nuestra relación con él, sino a vivir guardando su Palabra, sus mandamientos. Los verdaderos amigos de Dios son los que hacen lo que él ha ordenado.

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