Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. (Lc 10:41)

Nuestros tiempos son cada vez más agitados. El auge comercial, el costo de vida, la tecnología y todo lo que marcha a la par del mundo hace que nos hagamos personas cada vez más ocupadas, hasta el punto que hay quienes colapsan físicamente por causa del estrés y un ritmo demasiado agitado.

La historia de Marta y María, dos mujeres que amaban a Jesús y que seguramente eran amadas también por el Señor junto a su hermano Lázaro, muestra un marcado contraste entre alguien que se afana en sus propias ocupaciones y alguien que procura primero su propio cuidado espiritual. Mientras María, sentada a los pies del Señor le oía con atención; Marta se había ocupado en muchos quehaceres.
Pronto el afán de Marta llegaría a su máxima expresión al exigir a Jesús que que exhorte a su otra hermana para que le ayudara a servir. Por supuesto Jesús no está oponiéndose a que los creyentes trabajemos en cosas que son importantes atender de manera diligente; tampoco está promoviendo una devoción absolutamente contemplativa, de modo que no respondamos a nada mas. Más bien, el Señor quiere dejar claro a Marta que hay un problema en su corazón y la diferencia con su hermana era la evidencia. Ella tenía alteradas sus prioridades; estaba ta ocupada en atender al Señor que se olvidó de él.

Ocupados en servir al Señor, olvidados de él

Notemos que aunque la intención del servicio de la mujer era noble, atender las necesidades del Señor; Jesús quiere poner de manifiesto que lo que debemos buscar con mayor diligencia y primeramente es nuestro bien espiritual. Muchas veces estamos tan afanados y turbados en tantas cosas que incluso pueden tener una buena causa, pero descuidamos lo más importante; ser edificados por Dios por medio de su Palabra y la comunión.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.(Mt 6:33)

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