Este artículo fue publicado originalmente para la revista Heart Cry volumen 55; octubre de 2007 , escrito por Paul Washer. (ver artículo original) – Ver la parte 1

En una de las historias más épicas del Antiguo Testamento, al patriarca Abraham le es ordenado llevar a su hijo Isaac al Monte Moriah y allí ofrecerlo como sacrificio a Dios.

“Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.”

¡Que carga la que fue puesta sobre Abraham! No podemos ni imaginarnos la tristeza que lleno el corazón del hombre anciano y la tortura que llevo cada pasó del viaje. Las Escrituras son cuidadosas en contarnos que el fue ordenado a ofrecer a su “hijo único hijo a quien amaba.” La especificacidad parece diseñado para agarrar nuestra atención y hacernos pensar que hay un significado más oculto en estas palabras de las que podemos ver.

En el tercer día los dos llegaron al lugar indicado, y el padre mismo ato a su amado hijo con sus propias manos. Finalmente en sumisión a lo que debía hacer, el puso su mano sobre su hijo y “tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo.” En ese momento, la misericordia y gracia de Dios se interpuso, y la mano del anciano se detuvo. Dios lo llamo desde el cielo y dijo:

¡Abraham, Abraham!… No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único.

A la voz del Señor, Abraham alzo los ojos y vio un carnero atrapado por los cuernos. Tomo el carnero y lo ofreció en lugar de su hijo. Y luego nombro el lugar YHWH-Jireh o “el Señor proveerá.” Es un dicho fiel que permanece hasta el día de hoy, “En el monte del SEÑOR se proveerá.” Al venir a un cierre de cortina en este momento épico en la historia, no solamente Abraham, pero también todos los que han leído este acontecimiento dan un suspiro de alivio que muchacho se hubiera salvado. ¡Pensamos que hermoso fin, pero no es el fin, era una simple intermedio!

Dos mil años más tarde, las cortinas se vuelven a abrir. El fondo es oscuro y ominoso. En el centro del escenario esta el Hijo de Dios en el Monte de la Calavera. Él esta atado por la obediencia de la voluntad de su Padre. Él cuelga llevando el pecado de Su gente. Él es maldito – traicionado por su creación y desamparado de Dios. Entonces, el silencio es roto con el horroroso trueno de la ira de Dios. El padre toma el cuchillo, levanta el brazo, y sacrifico a su “hijo, [el] único, a quien amas,” y las palabras del profeta Isaias son cumplidas:

“Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados…Pero quiso el SEÑOR quebrantarle, sometiéndole a padecimiento. Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará.”

La cortina viene a un cierre con un Hijo sacrificado y un Mesías crucificado. A diferencia de Isaac no había carnero que muriera en Su lugar. Él era el cordero quien moriría por los pecados del mundo. Él es la provisión de Dios para la redención de Su gente. Él es el cumplimiento de quien el carnero e Isaac solo eran sombras. En Él el Monte de la Calavera es renombrado “YHWH-jireh” o “el Señor proveerá.” Es un dicho fiel hasta el día de hoy, “En el monte del SEÑOR se proveerá.” El Calvario era el monte y la salvación fue proveída, Así el creyente con discernimiento clama “Dios, Dios, se que me amas ya que no me has rehusado tu hijo, tu único.”

Es una injusticia al Calvario que el verdadero dolor de la Cruz es a menudo pasado por alto por un tema romántico y menos poderosa. A menudo es predicado que el Padre miro desde el cielo y testifico el sufrimiento que era colmada sobre Su Hijo por manos humanas, y que Él contó tal aflicción como pago por nuestros pecados. Esto es herejía de la peor clase. Cristo satisfizo la justicia divina no solo soportando la aflicción de los hombres, pero soportando y muriendo bajo la ira de Dios. Toma más que cruces, clavos, coronas, y lanzas, para pagar por el pecado. El creyente es salvado no solo porque por lo que le hicieron los hombres a Cristo en la Cruz, pero por lo que Dios le hizo a Él – Él lo molió bajo toda la fuerza de Su ira contra nosotros. ¡Raramente esta verdad se hace suficientemente clara en nuestra predica del evangelio!


Traducido por Diego Kim

Artículo anteriorLa cruz de Cristo, cristo bajo la ira de Dios (parte 2)
Diego Kim
Diego F. Kim Colombiano de nacimiento de padres coreano. Obtuvo la licenciatura en Exposición Bíblica y Teología (Bachelors of Science in Bible Exposition and Theology) del Emmaus Bible College, Dubuque, IA. Actualmente está estudiando el M.Div (Maestria en Divinidades) en The Southern Baptist Theological Seminary, Louisville, KY. Miembro de Immanuel Baptist Church. Tiene un amor profundo por ver iglesias saludables tanto en praxis como en doctrina en Latinoamerica pero principalmente en su país nativo Colombia.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.