Desde hace un tiempo he querido escribir una entrada como esta, no es un tema fácil de abordar, sumado gran silencio que hay entre otros blogueros al respecto; siempre resulta relativamente “fácil” escribir al respecto de temas teológicos y de amplio debate, pero no resulta igual al hablar de temas prácticos y relacionados con la piedad y la devoción. Parece más un tema perdido en la historia de los grandes hombres del pasado.

Existe un debate hoy al respecto de la práctica del ayuno como algo vigente para los creyentes hoy y lo preocupante no es la discusión en sí, sino que esa parece ser sólo la punta del iceberg de un problema mucho mayor. Vivimos en una generación que ama el conocimiento pero que no evidencia un compromiso por la práctica de ese conocimiento o por traducirlo en una vida de devoción y adoración intensa. Me temo que hay tanta racionalización en la teología, que estos temas prácticos (La oración, el ayuno, las misiones, la evangelización etc. ) poco a poco van quedando en el sótano del olvido.

¿Es bíblico que los cristianos ayunen?

Quiero entrar al centro del debate de inmediato. Algunos han argumentado que no hay razones para pensar que el ayuno esté vigente como una práctica bíblica para los creyentes de la era posterior al cierre del canon del Nuevo Testamento.

Los argumentos más comunes descansan sobre la idea de que el ayuno era una práctica exclusiva del Antiguo Testamento; que el ayuno es también una práctica de otras religiones; que algunos lo hacen con fines político; y otros, un poco más teológicos, sugieren que el ayuno era una práctica asociada al lamento y al luto, pero al venir Cristo, nuestro gozo fue cumplido, por tanto no debemos ayunar[i].

No pretendo responder a cada uno de estos argumentos, —para lo cual recomiendo el libro Hambre de Dios, cómo desear a Dios por medio de la oración y el ayuno (click aquí si estas en Colombia) de John Piper — sin embargo, si pretendo mostrar que la Biblia no deja lugar a las dudas al respecto de la vigencia de la práctica del ayuno como una disciplina voluntaria asociada a la piedad.

 Entonces se le acercaron los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, pero tus discípulos no ayunan?  Y Jesús les dijo: ¿Acaso los acompañantes del novio pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán.  Y nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo; porque el remiendo al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces  los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan. (Mt 9:14-17 BLA)

No quiero exagerar al resaltar la contundencia de este texto, sin embargo, considero que no se necesita de una exégesis compleja para llegar a comprender lo que el Señor Jesús afirma al respecto del ayuno.

Los discípulos de Juan el Bautista (y algunos fariseos) estaban preocupados porque los discípulos del Señor no practicaban el ayuno con la misma intensidad que ellos, probablemente dos veces a la semana (lunes y jueves[ii]); la respuesta de Jesús contiene dos afirmaciones básicamente:

  1. Cuando el esposo les sea quitado, entonces ayunarán
  2. Nadie pone un remiendo viejo en tela nueva y nadie hecha vino nuevo en odres viejos

Estas dos declaraciones deben ser entendidas a la luz de su contexto. En primer lugar, Jesús afirma que los discípulos ciertamente ayunarán después de su partida. Esto no es difícil concluir al considerar la frase “el esposo les sea quitado”. No era propio que una boda los acompañantes del novio estuvieran en la aflicción que el ayuno representaba, sino alegres, en consecuencia con el propósito de una celebración. (Veremos cómo el ayuno no necesariamente es por causa de luto y aflicción en otro post)

Ahora bien, la parte aparentemente difícil es: ¿hasta cuándo ayunarán? Hay quienes sugieren que el ayuno sería hasta el regreso del esposo, esto es, según ellos,  hasta el día de su resurrección. En otras palabras, los discípulos solo ayunarían los tres días de la ausencia de Cristo.

Esa idea no tiene mucho sustento bíblico, sobre todo al considerar que no fue esa precisamente la reacción de los discípulos ante la muerte de Cristo, pues todos huyeron, algunos a dedicarse a sus antiguas prácticas (Jn 21:3).  Este argumento tampoco es válido porque de ser así los Apóstoles no habrían considerado el ayuno como una práctica vigente en la iglesia naciente en el libro de Los Hechos; sin embargo nosotros podemos ver cómo los apóstoles ayunaban aún después de la ascensión  (Hechos 13:4;14:23).

La forma correcta de ver la relevancia del regreso del esposo es a la luz del mismo Mateo y en el mismo contexto ilustrativo; una ceremonia de bodas:

Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! (Mt 25:6)

En la conocida parábola de las Diez Vírgenes el evangelista asocia el retorno del Esposo con la venida segunda de nuestro Señor Jesucristo, por lo que el ayuno se extiende como una práctica vigente  hasta entonces.

La segunda declaración es al respecto del vestido y los odres. La idea de esta especie de parábola es también sencilla. Las dos palabras claves son nuevo y viejo, ambas dan la idea de algo que es reemplazado o sustituido, y a juzgar por el tema de Mateo en todo su evangelio y el contexto del libro en general, se trata de  un Nuevo Pacto que sustituye al viejo, un nuevo Reino que se ha acercado. El Sermón del Monte es la síntesis de toda esta temática, es un sermón de contrastes, y es precisamente en el marco de dichos contrastes que Jesús exclamó:

 Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.. (Mt 6:16)

La idea de Jesús en el texto es enseñarle a los discípulos de Juan que no es nada provechoso que sus discípulos participen de la forma de ayuno del sistema viejo del judaísmo (“remiendo de tela”) mientras permanecen el Reino de Dios con [entre] ellos (“vestido nuevo”), pero cuando el Señor les fuere quitado, un nuevo sistema sería establecido y con ello una mejor y nueva práctica de ayuno—lo uno y lo otro se conservan juntamente— ya no religiosa y ritualista, sino basada en un deseo profundo por la presencia del Esposo y el anhelo de su regreso. La venida de Cristo no abolió el ayuno, sólo modifico los motivos por los cuales se practicaba.

Más evidencia

Hemos analizado un texto crucial para el entendimiento de la vigencia del ayuno bíblico, sin embargo, otros textos en el Nuevo Testamento refuerzan esta tesis.

Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.. (Mt 6:16 BLA; énfasis agregado)

Note que en el texto el Señor asume el ayuno como una práctica común en el creyente, en el mismo sentido y demanda que la oración y dar las ofrendas (Mt 6: 2; Mt 6:5).

Debe hacerse claridad que “cuando ayunéis”  no es un imperativo, es decir, no es impuesto como una ordenanza legal,  sin embargo, tampoco debe obviarse el bien espiritual que puede representar si se hace da la manera correcta, al igual que la oración y las ofrendas.

El comentarista William Hendriksen afirma lo siguiente al respecto de este versículo:

Jesús no dice que sus discípulos deben ayunar, ni les prohibe que lo hagan si desean hacerlo. En ciertas circunstancias parece considerar el ayuno como algo completamente apropiado. Como ya se ha señalado, ¿no ayunó él mismo, aunque por una razón completamente distinta? El punto que Jesús enfatiza es que cuando sus seguidores piensan que deben ayunar, deben hacer que, ungiendo el cabello y lavándose la cara, esta observancia voluntaria de un ejercicio religioso sea lo menos notorio posible

La idea de este primer post era definir algunos asuntos relacionados con objeciones a la vigencia de la disciplina del ayuno. En un próximo artículo hablaré de los usos del ayuno bíblico y su relación con el evangelio, su correcta connotación y su adecuada práctica.

Quiera el Señor despertar un pueblo con hambre de su presencia, que abandone los placeres temporales de este mundo por un tiempo, y dediques su vida a la contemplación de su majestad.

¡oh; Cuánta vida darías a la iglesia si te buscáramos como buscamos las cosas de este mundo!

[i] La Oración y el Ayuno: Un Estudio en

la Vida Devocional de la Primera Iglesia, Keith Main

[ii] Didaché VII-I

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