Este artículo fue publicado originalmente para la revista Heart Cry , escrito por Paul Washer. (ver artículo original)

Una de mis mayores cargas es que rara vez es explicada la Cruz de Cristo. No es suficiente decir “Él murió” – ya que todos los hombres mueren. No es suficiente decir “el murió noblemente”- ya que los mártires hacen los mismo. Tenemos que entender que no hemos proclamado en su llenura la muerte de Cristo con poder salvífico hasta que hallamos aclarado la confusión que la rodea e exponer su verdadero significado a nuestros corazones – Él murió llevando las transgresiones de Su gente sufriendo el castigo divino por sus pecados: Él fue abandonado por Dios y molido bajo la ira de Dios en su lugar.

Desamparado de Dios

Uno de los pasajes más inquietantes, e incluso escalofriante, es el relato en las Escrituras de Marcos la exclamación del Mesías al estar en la Cruz romana. Y exclamo:

ELOI, ELOI, ¿LEMA SABACTANI?, que traducido significa, DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?

En luz de lo que sabemos sobre la naturaleza impecable del Hijo de Dios y su perfecta comunión con el Padre, es difícil entender las palabras de Cristo, aun así en ellas encontramos el significado de la Cruz expuestas, y encontramos la razón por la cual murió Cristo. El hecho que Sus palabras estén también documentadas en hebreo nos dice algo de suma importancia para ellos. ¡El autor no quería que mal-entendiéramos o que se nos escapara ni una sola cosa!

En estas palabras, Jesús no solo esta llamando al Padre, pero como maestro consumado, Él también esta dirigiendo a Sus espectadores y todos los futuros lectores a una de las más importantes profecías mesiánicas del Antiguo Testamento – Salmo 22. Aunque todo el Salmo esta lleno de profecías detalladas de la Cruz, solo nos concentraremos en los primeros seis versículos:

1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? 2 Dios mío, de día clamo y no respondes; y de noche, pero no hay para mí reposo. 3 Sin embargo, tú eres santo, que habitas entre las alabanzas de Israel. 4 En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste. 5 A ti clamaron, y fueron librados; en ti confiaron, y no fueron decepcionados. 6 Pero yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.

En los días de Cristo las Escrituras Hebreas no estaban organizadas en capítulos y versículos numerados como los tenemos hoy. Así que cuando un rabino quería dirigir a sus oyentes a cierto Salmo o porción de la Escritura, lo hacia recitando las primeras líneas del texto. En esta exclamación desde la Cruz, Jesús nos dirige al Salmo 22 y nos revela algo del carácter y propósito de Su sufrimiento.

En los primeros dos versículos, escuchamos la queja del Mesías- Él se considera abandonado de Dios. Marcos utiliza la palabra griega egkataleípo, el cual significa desamparado, abandonado, o desertado. El Salmista utiliza la palabra hebrea azab, el cual significa dejar, perder, o desamparar. En ambos casos, la intención es clara. El Mesías mismo es consciente que Dios lo ha desamparado y puso el oído sordo a Su llanto. Este desamparo no es simbólico ni poético. ¡Es Real! ¡Si alguna vez alguna criatura se sintió desamparada de Dios, este fue el Hijo de Dios en la Cruz del Calvario!

En el cuarto y quinto versículos del Salmo, la angustia sufrida por el Mesías se vuelve más aguda al recordar la fidelidad del pacto de Dios hacia su pueblo. Él declara:

4 En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste. 5A ti clamaron, y fueron librados; en ti confiaron, y no fueron decepcionados.

La aparente contradicción es clara. Nunca hubo una instancia en la historia en la que el pueblo pactal de Dios hubiera visto a un hombre justo clamando a Dios sin ser rescatado. Sin embargo, el Mesías sin mancha cuelga del árbol completamente desamparado. ¿Cual podría ser la razón por el desamparo de Dios? ¿Por qué le dio la espalda a Su Hijo unigénito?

Entrelazado en el llanto del Mesías se encuentran las respuestas a estas preguntas inquietantes. En el tercer versículo, Él hace la declaración inquebrantable que Dios es Santo, y luego en el sexto versículo Él admite lo atroz – Él se había vuelto un gusano y ya no era un hombre. ¿Por qué utilizaría el Mesías tal lenguaje peyorativo hacia si mismo? Acaso se veía a si mismo a si mismo como un gusano porque se había vuelto el “oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo” ¿o había una razón mas espantosa para Su auto-deprecación? Después de todo no clamo, “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me ha desamparado el pueblo?” ¡Sino que se esforzó en saber por que Dios lo había hecho! La respuesta puede ser encontrada en una amarga verdad solamente – el Señor había hecho que toda nuestra iniquidad cayera sobre Él, y como un gusano, Él fue desamparado y molido en nuestro lugar.

Esta metáfora oscura del Mesías agonizante no esta solamente en las Escrituras. Hay otros que nos llevan más a fondo al corazón de la Cruz y nos abre que “Él padezca mucho” en orden de ganar la redención de su gente. Si temblamos ante las palabras del Salmista, seremos llevados a oír al tres veces santo Hijo de Dios volverse la serpiente levantada en el desierto, y después, el cordero expiatorio que cargaba el pecado que se dejaba a morir solo.

La primera metáfora se encuentra en Números. Por la constante rebelión de Israel hacia Dios y su rechazo de Su provisión misericordiosa, Dios envío “serpientes abrasadoras” entre el pueblo y muchos murieron. Sin embargo como resultado del arrepentimiento del pueblo y la intercesión de Moisés, Dios una vez más hizo provisión para su salvación. Él le ordeno a Moisés “Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un asta” Él luego prometió que “todo el que sea mordido la mire, vivirá.”

Al principio parece contradictorio a la lógica que “la cura tuviera la semejanza de aquel que había herido.” Sin embargo provee una poderosa imagen de la Cruz. Los israelitas estaban muriendo del veneno de las serpientes abrasadoras. El hombre muere del veneno de su propio pecado. A Moisés le habían ordenado poner la causa de la muerte alto en un asta. Dios puso la causa de nuestra muerte sobre Su propio Hijo al colgar alto sobre la cruz. Él había venido “en semejanza de carne de pecado” y fue “pecado por nosotros.” Los israelitas que le creyeran a Dios y miraran a la serpiente de bronce vivirían. El hombre cree el testimonio de Dios según Su Hijo y le ve en fe será salvo. Como esta escrito, “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.”

La segunda metáfora se encuentra el libro sacerdotal de Levítico. Como era imposible que un solo sacrificio ilustrara o simbolizara completamente la muerte expiatoria del Mesías, un sacrificio involucrando dos corderos fue puesto ante el pueblo. El primer cordero fue inmolado como ofrenda expiatoria ante el Señor, y su sangre fue rociada en y delante del propiciatorio detrás del velo del lugar santísimo.

Simbolizaba a Cristo quien derramo Su sangre en la Cruz para expiar por los pecados de Su pueblo. El segundo cordero era presentado ante el Señor como cordero expiatorio. El Sumo Sacerdote imponía sus manos sobre el animal “ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel y todas sus transgresiones, todos sus pecados.”

El cordero expiatorio entonces era enviado al desierto llevando la iniquidad del pueblo a un lugar solitario. Allí vagaría solo, desamparado de Dios y cortado de en medio del pueblo. Simbolizaba a Cristo quien “llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz,” sufrió y murió solo “fuera del campamento.” Lo que era simbólico en la Ley se volvió una realidad insoportable para el Mesías.

¿No es asombroso que un gusano, una serpiente venenosa, y un cordero sean puestos como tipos de de Cristo? Para identificar al Hijo de Dios con cosas “aborrecibles” seria blasfemo si no vinieran del los santos del Antiguo testamento “inspirados por el Espíritu Santo” y confirmados por los autores del Nuevo Testamento quienes van mas allá en las descripciones sombrías. Bajo la inspiración del Espíritu Santo ellos son lo suficientemente audaces para decir que aquel que no tuvo pecado “le hizo pecado,” y Él quien fue el amado del Padre, fue “hecho maldición” ante Él. Hemos oído estas verdades antes, pero ¿nunca las hemos considerado lo suficiente para ser quebrantados?

En la Cruz, El declarado “santo, santo, santo” por el coro de Serafines, se “hizo” pecado. El viaje al significado de esta frase parece casi muy peligroso. Tropezamos ante el primer paso. ¿Que significa que Aquel en quien “toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente” se “hizo pecado?” No debemos explicar la verdad ligeramente tratando de proteger la reputación del Hijo de Dios, y aun, debemos de tener cuidado de no hablar cosas terribles contra Su carácter impecable e inmutable.

Según las Escrituras Cristo se “hizo pecado” en la misma manera en que los pecadores se “vuelven la justicia de Dios” en Él. En su segunda epístola a la iglesia de Corinto el Apóstol Pablo escribe:

“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.”

El creyente no es “justicia de Dios” por alguna obra purificadora o perfeccionadora según su carácter que lo haga como Dios y sin pecado, pero como resultado de la imputación por el cual el es considerado justo ante Dios por la obra de Cristo para el. De la misma manera Cristo no se hizo pecado por tener un carácter manchado o ensuciado, pero actualmente volviéndose depravado, pero como resultado de la imputación por el cual fue considerado culpable ante el juicio de Dios para nosotros. Esta verdad no debe causar que pensemos menos de la declaración de Pablo que Cristo se “hizo pecado.” Aunque fue una culpa imputada, fue una culpa real, trayendo una angustia inquietante a Su alma. Él tomo nuestras culpas como suyas, estuvo en nuestro lugar, y murió desamparado de Dios.

Que Cristo se “hizo pecado” es una verdad terrible como incomprensible, y aun justo cuando pensamos que no se pueden decir palabras más oscuras contra Él, el Apóstol Pablo enciende una lámpara y nos lleva al fondo de la humillación y desamparo de Cristo. Entramos en la caverna mas profunda para encontrar al Hijo de Dios colgando de la Cruz y llevando su titulo más infame – el ¡Maldito de Dios!


Traducido por Diego Kim

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