Predicar es un gran privilegio y  al mismo tiempo que una gran responsabilidad. Es casi incomprensible como puede un Dios Santo, valerse de pecadores redimidos para proclamar el único mensaje que tiene el poder para dar vida a un muerto espiritual. Quizás es a este mismo misterio al que se refiere Pedro cuando dice que los ángeles anhelan mirar (1 Ped 1:12)

El misterio de la predicación no está en el acto mismo de proclamar un mensaje públicamente en el nombre de Dios, sino en el tipo de mensaje que se proclama.

Hoy por hoy vivimos una crisis en cuánto al tema de la predicación, y no porque falten predicadores, sino por la languidez de sus púlpitos. El mensaje popular y potable al mundo esta cargado de humanismo y filosofía, lo que trae consigo, como es de esperarse, fama y reconocimiento de los hombres. Sin embargo, debemos considerar la urgencia de proclamar un mensaje que esté de acuerdo con el modelo bíblico.

Ante esto, Pablo nos dice lo siguiente:

Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.  Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. (1 Cor 2: 1-2) 

En palabras del más grande predicador del primer siglo, después del Señor, se recalca la importancia de proclamar siempre a “Jesucristo crucificado”, esto es, el evangelio. Eso no quiere decir que el apóstol siempre predicaba evangelísticamente (para ganar a los perdidos ), lo que quiere decir es que cada predicación era centrada en la obra de Cristo, su propósito era llevar finalmente a sus oyentes a contemplar la gloria de Cristo, independientemente de el tema que tratara (matrimonio, crianza de los hijos, ofrendas, ministerio etc.).

A continuación mencionaré algunas razones por las cuales es necesario predicar siempre centrado en Cristo

Es un deber del ministro ser fiel a lo que se le ha encomendado

Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. (1 Cor 4:1-2)

Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos sencillamente porque la obra no es nuestra, se nos ha sido encargado este misterio y debemos administrarlo fielmente y este misterio no es otra cosa que el evangelio.

 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria… (1 Cor 2:7)

La sabiduría de Dios que ha enloquecido la sabiduría de los hombres, la palabra de la cruz (1 Cor 1:18), la proclamación del evangelio de la gloria de Cristo. Así qué, por no tratarse de algo que podamos administrar según nuestro propio criterio, debemos ser fieles al que nos ha encomendado la tarea, aunque eso no nos haga muy populares.

Era esa la predicación de los Apóstoles

Siempre fue ese su mensaje  y eso explica el éxito de la iglesia. No era un método humano, era el mensaje del evangelio  lo que Dios usaba para transformar vidas y aún ciudades enteras. Fue esa la predicación de Pedro, de Juan, de Pablo, de los doce en general y el mensaje central de toda la iglesia: la proclamación de la cruz.

Basta con echar un vistazo rápido al primer discurso de Pedro (Hech 2:14-40), para notar que el centro de su temática es la muerte y resurrección del Señor Jesucristo. También leemos en el libro de los Hechos:

 Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. (Hech 4:35)

Pablo una vez alcanzado por el Señor en Damasco predicaba enseguida a Cristo presentándolo como Dios (Hech 9:20)

Como he mencionado, era el testimonio de la cruz, lo que el Espíritu Santo utilizaba para traer a la iglesia los que habían de ser salvos. Ese método no ha cambiado, Dios sigue usando el mensaje del evangelio de la misma manera.

Predicar centrado en Cristo es lo único que produce arrepentimiento en el pecador

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego (Rom 1:16)
La conversión  no es un acto nuestro, es una obra soberana de Dios en el corazón del hombre que comienza cuando este es expuesto al mensaje del evangelio.
No hay nada más que pueda llevar a una persona a reconocer al Señor como su salvador y a volverse de su pecado, sólo la gloria de Cristo transmitida en forma de predicación puede lograr eso.
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa…( Efe 1:13)
Siempre habrá alguien con necesidad de arrepentimiento en nuestras congregaciones, incluso cuando parezca que no, solo la verdad del evangelio proclamada desde el púlpito puede destruir el señorío del pecado sobre alguien y traerlo, en el poder de Dios, a la vida eterna.

Predicar centrado en Cristo produce santificación en el creyente

Alguien dirá : – Está bien que predicamos a Cristo a los inconversos, pero ¿a nosotros los creyentes? ¿Es útil ese mensaje para nosotros? La respuesta es : Absolutamente si.
 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Cor 3:18).

Exponer el evangelio es exponer la gloria de Cristo; en su humillación, en su encarnación, en su resurrección y en cada aspecto de su obra y al exponernos a esa gloria el Espíritu Santo obra para nuestra santificación. Eso sucede cuando viendo la gloria de Cristo observamos con mayor claridad y gravedad nuestro pecado, lo que produce un arrepentimiento contínuo. ¡¿Cómo habríamos de pagarle mal a aquel que nos ha hecho tanto bien?!

Predicar centrado en Cristo trae aliento a los que padecen

Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar (Heb 12:3).

Este aspecto es realmente glorioso. Predicar centrado en Cristo, hace que podamos contemplar la Gloria del Señor tal como lo hemos mencionado, y eso es un gran aliciente en medio de nuestros padecimientos, puesto que al considerar sus propios padecimientos por nuestros pecados siendo él inocente, cobramos aliento y gozo al experimentar alguna contradicción en nuestras vidas por su causa y más sabiendo que como soberano él gobierna sobre todas las cosas y habrá de recompensarnos según sus promesas.

Debido a que siempre que prediquemos tendremos entre nosotros a pecadores, conversos, perseguidos, y sabiendo que él habrá de edificar su iglesia, es necesario que con diligencia nuestra predicación siempre esté centrada en Cristo.

Que Dios nos ayude a que como predicadores nuestro mensaje siempre exalte la Gloria de aquel que no estimó el humillarse hasta los sumos, en amor, por salvarnos eternamente. ¡A él sea la Gloria por siempre!

Deseo que Dios te bendiga hoy.

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