Hoy se conmemoran 500 años desde el día en que un monje agustino, Martín Lutero, clavara 95 tesis en la catedral del castillo en la ciudad de Wittenberg, Alemania, en contra de la venta de indulgencias y otros casos de abuso por parte de la iglesia católica romana.

Su grito no fue el primero. Otros en otro tiempo levantaron su voz como un anuncio de lo que sería inminente. Pedro Waldo, Juan Wyclife, Juan Hus, Jerónimo Savonarola, sólo por mencionar algunos. Pero sin duda, la situación histórica y política, entre otros factores, convergieron para que fuera Lutero quien iniciara un movimiento de reforma, que si bien no tenía como propósito formar una nueva iglesia, si trajo como resultado una separación  por causa de la verdad que para entonces comenzaba a ser proclamada.

Después de Lutero otros hombres continuaron en medio del mover de las aguas. Huldreich Swinglio, Juan Calvino y Jhon Knox fueron bastiones representativos en la construcción teológica del movimiento de reforma y la definición de asuntos relacionados con la doctrina.

El resultado de todo este tiempo, que sin duda estuvo prescrito por la soberanía de Dios, fue un compendio de verdades extraídas de la Palabra de Dios que comenzaron a ser enseñadas a la gente de manera masiva. La reforma había traído de vuelta la biblia a las manos del pueblo. Ya no estaba atada a una cadena al altar de las catedrales y los palacios, ahora todos podían leerla y su luz comenzó a alumbrar en medio del oscurantismo en el que había permanecido por años. De hecho una de las proclamas de la reforma quedó consignada en el monumento a los reformadores en Ginebra: <<Post Tenbras Lux>> una frase que traduce: después de las tinieblas luz.

A partir de allí otras enseñanzas fueron tomando lugar sobre todo a rededor de la salvación y la Gloria de Dios. El avance teológico de la reforma ha sido resumido en 5 proclamas, también conocidas como las 5 Solas: Sola Escriptura [Solo la Escritura]; Sola Gratia [Solo Gracia]; Sola Fide [Solo por medio de la Fe]; Solus Christus [Sólo Cristo] y Soli Deo Gloria [Solo a Dios la Gloria]

Pero la reforma no debe verse como un momento histórico en la iglesia solamente. No se trata del recuerdo grato de unos cuantos hombres valientes que haríamos bien en citar de vez en cuando. La reforma es un grito cuyos ecos deben ser escuchados por la iglesia subsiguiente y creo particularmente que en nuestra época dichos ecos deben ser amplificados con toda potencia.

Las verdades de la reforma son tan necesarias hoy y tan vigentes como hace 500 años y eso es lo que debe convocarnos hoy y cuantas veces sea necesario.

Sola Escriptura

La iglesia católica había socavado la autoridad de las Escrituras a lo largo de sus historias. Los concilios y decisiones que habían tomado fueron levantando otro tipo de autoridad que en ocasiones no sólo se equiparaba sino que se ponía por encima de la biblia. Hablo de la tradición y también de la autoridad que se había delegado a los papas y a los concilios. Pero la reforma grito: La biblia y sólo la biblia es la única regla de fe y práctica.

Esta verdad debe ser proclamada hoy con toda fuerza. La iglesia moderna, en términos generales, ha puesto las experiencias emocionales, los éxtasis, los sueños, las profecías, las visiones, las palabras de los hombres etc,  por encima del testimonio de las Escrituras.

Alguien podrá pensar que exagero. De hecho, en teoría la mayoría de cristianos cree en la autoridad de la biblia; sin embargo, al final de las cuentas, o importa cuánto podamos mostrarle en las Escrituras a alguien que alguna práctica no es bíblica, por ejemplo, si tan solo la experiencia les confirma que lo es, entonces eso es suficiente, poniendo así la experiencia, de la naturaleza que sea, por encima de la Palabra de Dios.

Es ese pragmatismo dañino el que hace que tengamos que volver a gritar hoy: ¡Sola Escritura!

Sola Fide

Sola Fe recoge la enseñanza de que nuestra salvación solo puede ser alcanzada por medio de la fe, sin que nuestras obras puedan contribuir en manera alguna a ella  (Efesios 2:8-9, Romanos 3:28). Por supuesto, esta fe tiene un objeto y es; Cristo Jesús.

Hay una necesidad de proclamar esto hoy debido a que muchos cristianos aún no han considerado la salvación como algo que no depende de sus obras. Eso es legalismo. Nadie puede alcanzar el favor de Dios por sus obras (Ef 2:9). Y este legalismo tiene muchas facetas: observancia de asuntos externos, esfuerzos religiosos, duro trato del cuerpo, y otros asuntos que bien podrían llegar a tener cierto valor cuando se hacen como acto de devoción a Dios y en agradecimiento, sin embargo, ellos mismos no constituyen un medio para alcanzar la salvación.

Sola Gratia

La salvación es un regalo de Dios y un don que el hombre recibe sin mediar mérito alguno de su parte sino por los méritos de Cristo (Ef 2:8).

Los esfuerzos del hombre no pueden hacerlo más merecedor de gracia delante de Dios. En efecto, la gracia nos recuerda que nuestra salvación depende total y completamente de Dios y que no se trata de nosotros.

Todas nuestras riquezas y lo que tenemos es por medio de Cristo. Eso se opone a pensar que alguien puede comprar el favor de Dios con dinero.

Hace pocos días escuchaba a un predicador decir en una reconocida cadena de televisión cristiana: — Si usted da una ofrenda ahora, si usted pacta por sus familiares que no son creyentes, Dios se los va a convertir a través de ese pacto [dinero] — No sé si usted esté de acuerdo conmigo, pero no he escuchado cosa más repugnante antes.

En los días de  Lutero hubo un famoso vendedor de indulgencias llamado Johan Tetzel. Él solía decir en sus campañas de recolección de fondos para la construcción de la basílica de San Pedro: “Tan pronto caiga la moneda  al fondo del cofre, un alma saltará del purgatorio”. Eso no parece ser muy diferente a lo que oímos en muchos púlpitos hoy, solo que en este caso las almas no están muertas, lo que les da a los que creen en la herejía de que la salvación se puede comprar con dinero, una “esperanza” mucho mayor.

Solus Christus

No hay ningún otro camino para llegar a Dios. Solamente a través de Jesucristo (Hec 4:12)

Esta preciosa declaración dejó claro que la salvación no estaba en los papas, ni en lo concilios o en la iglesia de Roma, sino sólo en las persona de Cristo.

La exclusividad de Cristo como camino a la salvación es algo que demos destacar con frecuencia. Muchos sostiene que el camino del amor, las buenas acciones en favor de la sociedad y la tolerancia religiosa son caminos alternos y por tanto la máxima expresión de la espiritualidad; pero debemos recordar hoy y siempre que Cristo es el único camino y que si alguien no cree en Cristo. Con todas sus implicaciones, no puede ser salvo (Jn 14:6).

Muchos cristianos del siglo XXI ven esta declaración como algo arrogante y hasta ofensivo, pero es precisamente por eso que debemos proclamarlo. Si alguien no cree en Cristo como el único camino a Dios, entonces ¿qué sentido tiene su muerte expiatoria y su resurrección si tengo otras opciones?

Soli Deo Gloria

Todo el propósito de las Escrituras y de la obra salvífica es que el Dios reciba toda la Gloria. (Efesios 1:4-6; 1 Pedro 2:9)

En los días de Lutero el papa era adorado como Dios, y aún hasta el día de hoy. Al ser él el propulsor de las indulgencias, la gente solía verlo como un hombre lleno de mucha misericordia; pero Lutero y los reformadores sabían de antemano que la Gloria que él recibía no era suya, él no era el autor dela salvación de las almas, sólo Dios.

Cuanto pienso en esto, viene a mi mente todo este movimiento “apostólico y profético” contemporáneo. Hombres que son elevados a posiciones de autoridad más allá de las que son  de acuerdo a las Escrituras, y son objetos de gloria por parte de personas que han abandonado sus biblias y por tanto todo lo que haya revela de la grandeza de Dios y de nuestra pequeñez como humanos.

Y no sólo estos “súper ungidos”; también las denominaciones, las organizaciones y concilios; muchos de ellos como los aseguradores de la verdad y los merecedores de toda reverencia.

Pero aún más; cuando se oye decir —en ti hay un campeón; hijo del rey, declara lo que venga a tu corazón, decreta, establece, solo da la orden y Dios obedecerá— y cuanto más se le ocurra. ¿No es esto mera necedad? ¿Acaso puede el hombre hacer lo que sólo Dios puede hacer? ¿No es esto pretender tener la Gloria que solo a Dios pertenece?

¡Oh, cuanto enojo habrá en el corazón de un Dios que no comparte su Gloria con nadie!

¿Si la reforma es vieja? Sí, casi cumple 500 años. ¿Si sus proclamas están vigentes? Sí. Muy vigentes porque son extraídas precisamente de un testimonio que no caduca, el testimonio de las Sagradas Escrituras.

Que el Señor nos ayude a ser heraldos de la verdad. Que podamos tomar todas las herramientas que tengamos a la mano  para proclamar la autoridad máxima de la Biblia; la salvación como un regalo inmerecido recibido por la fe en el único camino al cielo: Jesús. Todo esto para dar Gloria al que merece toda la Gloria. De quien son todas las cosas y por medio de quien subsisten. Amén.

3 Comentarios

  1. Muy bueno artículo, muy necesario en nuestros días en medio de tanto amarillismo teológico. Necesitamos volver a nuestras raíces teológicas
    Dios le siga usando.
    Pastor Juan R. Orozco A.
    Iglesia Nal. Presb. “San Pablo” Cd. de México

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