«Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres». (1 Corintios 1:25)

Para los cristianos esta afirmación no nos sorprende tanto. La fe cristiana descansa sobre la locura de una cruz (1 Co 1:18) y de un Mesías crucificado y resucitado (1 Co 15:1-5). Pero, ¿será que podemos aplicar esta misma idea al Antiguo Testamento? ¿Vemos algo de esta misma locura en la Biblia hebrea?

Yoram Hazony dice que no. Él es judío y el presidente del Herzl Institute en Jerusalén. Su fascinante libro, The Philosphy of Hebrew Scripture (La filosofía de la Escritura hebrea), me hizo reflexionar sobre este tema que nunca había contemplado desde esta óptica.

El reto de Hazony

En el capítulo 8, “Jerusalén y Cartago: la razón y la fe en la Escritura hebrea”, Hazony plantea el reto. Se observa claramente su posición en pasajes como este:

Los autores de la Biblia hebrea nunca son tentados a decir que la palabra de Dios es “locura” o “absurda” según los estándares de los seres humanos. Esto es debido a que en las Escrituras hebreas, la sabiduría y la verdad son, en principio, reconocibles como tales por los seres humanos, según los estándares del mundo presente.[1]

Más adelante, Hazony escribe que

La palabra de Dios nos instruye cómo vivir bien y florecer en nuestro propio mundo. En este sentido, la sabiduría y la verdad de Dios se deben entender, no como algo fundamentalmente diferente de las del hombre, sino más bien como algo continuo con la sabiduría humana.[2]

Por último, Hazony dice:

En el concepto de los autores bíblicos, entonces, la sabiduría de Dios no es antitética a la sabiduría humana. No es inherentemente “locura” o “absurda” desde la perspectiva de la sabiduría y la razón humanas. Por el contrario, es precisamente lo que la sabiduría y la razón humanas deben ser – aquello que nos puede guiar a esas verdades que son genuinas, perdurables y capaces de llevar a la humanidad al bienestar.[3]

Una sabiduría aceptable

Ciertamente lo que Hazony dice es correcto con respecto a una sabiduría que se puede deducir por métodos naturales. Él cita el siguiente pasaje de Deuteronomio:

Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque ésta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta. Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros? (Dt 4:5-8)

En el sentido de tener leyes más justas que otras naciones de la época, no hay duda. Algunos aspectos de la palabra de Dios en el Antiguo Testamento concuerdan con la ley natural que Dios ha puesto en la creación y por lo tanto no van en contra de la sabiduría y la razón humanas.

Sin embargo, creo que debemos analizar la posición de Hazony a la luz de otros aspectos de la palabra de Dios que retan la sabiduría del mundo. El luterano Melanchthon explicó el problema bien en un escrito sobre el evangelio y la filosofía. Él decía que el problema no es aceptar que la Biblia concuerde con algo de la razón humana, sino “cuando la Escritura se recibe como si no enseñara nada más que un conocimiento de la razón humana”.[4] Hay enseñanzas de la palabra de Dios que son razonables para el ser humano normal, pero también hay algunos aspectos de la palabra de Dios que son locura para ese mismo ser humano.(1 Co 2:14).

Locuras en Génesis

Ciertamente el Antiguo Testamento contiene muchos pasajes que van más allá de la razón humana. Según el sentido común son locuras. En vez de examinar toda la Biblia hebrea, voy a simplemente usar el libro de Génesis para sacar algunos ejemplos. Este mismo ejercicio se podría llevar a cabo en toda la Biblia hebrea.

La primera locura viene en el contexto de la maldad extrema del mundo con estas palabras a Noé.

Génesis 6:14, 17 Hazte un arca de madera de gofer […] Y he aquí yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que hay espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá.

 Esta instrucción pareció una locura a los demás. ¿¡Dios va a hacer QUÉ!? Nunca habían visto un diluvio, menos aun uno que destruyera toda la tierra. Dios le dice que haga un arca para salvarse. Ni la instrucción, ni la amenaza parecían lógicas a la humanidad de aquel entonces.

Años después, escuchamos otra instrucción poco lógica de Dios a Abram.

 Génesis 12:1-2 Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

Dios le dio esta instrucción a Abram cuando estaba en la ciudad de Ur. Como un pastor mío lo explicó, Dios literalmente le dijo que se saliera del mapa. Debía dejar todo y hacer un largo viaje para luego llegar a ser una nación grande en una tierra que no conocía. Más adelante Dios diría que Él escogió amar a Israel precisamente porque era “el más insignificante de todos los pueblos” (Dt 7:7). Nada de esta historia sigue la razón humana, sino que va en contra de los principios del sentido común.

 Otra locura ocurre en Génesis 18, cuando Jehová habla con Abraham:

 Génesis 18:10-12 Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?

 Sara tenía noventa años y en la sabiduría de Dios debía tener un bebé. La sabiduría del mundo se ríe de este tipo de locuras, pero Dios se deleita en ellas. ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?, nos pregunta Jehová (Gn 18:14).

Sabemos que Isaac nació exactamente como Dios locamente había dicho. Pero las locuras no paran en Génsis. Nuevamente Dios a Abraham:

Génesis 22:2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

 ¡Este es el colmo de las locuras en el libro de Génesis! Después de haber esperado cien años por este hijo, ¿debía sacrificarlo? El hebreo resalta la intimidad de esta relación de padre e hijo: tu hijo … tu único … a quien amas … y fueron ambos juntos … Padre mío … mi hijo … ¿dónde está el cordero para el holocausto? … E iban juntos.

 La sabiduría del mundo nunca pediría tal cosa, ni entendería la fe de Abraham como algo lógico o racionable. Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. Génesis 22:8

 Efectivamente provee un carnero, justo en el momento necesario.

 La última locura está relacionada con las anteriores. Jacob estaba en Harán, durmiendo con almohada de piedra. Jehová se le aparece en una escalera que tocaba el cielo y la tierra, sobre la cual bajaban y subían ángeles. Jehová le promete la tierra, como se la había prometido a sus padres.

Después le dice, y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. Génesis 28:14.

¿Todas las familias de la tierra serían benditas por medio de este hombre y su descendencia? ¿Por medio de aquel que era conocido por sus engaños? No es una historia de sabiduría humana, sino de “lo insensato de Dios”.

Algo curioso e insensato

Al leer estos pasajes de locuras en Génesis, sobresale algo curioso. Cada uno de estos pasajes tiene que ver con el plan de redención. Dios salvó a Noé del diluvio. Escogió a un hombre y su descendencia para hacer de ellos una gran nación, a través de la cual vendría Alguien que sería de bendición para todas las familias de la tierra. Este Alguien es Jesucristo, quien es el Hijo amado del Padre. Ese Cordero de Dios provee la respuesta a la pregunta que hace eco a lo largo de toda la Biblia. ¿Dónde está el cordero para el holocausto?

Dos mil años después escuchamos la respuesta loca. He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Juan 1:29


[1] Hazony, pág. 236. Todas las traducciones son mías y usé la versión en Kindle.

[2] Pág. 237.

[3] Pág. 238.

[4] Melanchthon. (1999). On the distinction between the Gospel and philosophy. En S. Kusukawa (Ed.) & C. Salazar (Trans.), Melanchthon: Orations on Philosophy and Education (Cambridge Texts in the History of Philosophy, pp. 23-26). Cambridge: Cambridge University Press, pág. 23.

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