Yo estoy plenamente convencido que vivimos en una generación con amplias ventajas en cuanto al conocimiento teológico que otras. La internet y la tecnología, las leyes en favor de la libertad religiosa y el intelectualismo creciente, han favorecido de manera impresionante el avance del la teología y la constitución de cada vez más seminarios y centros de formación.

Pero esto, no solo es algo por lo cual debemos alegrarnos, pues, también ha traído consigo algo que he llamado “desequilibrio teológico”. Y no por que se trate de una descompensación académica o el apuntar mas a una corriente que otra, sino en referencia al carácter y la práctica de la piedad como un elemento determinante del conocimiento teológico.

Es por eso que he decidido escribir, a modo de advertencia, de los peligros que una teología desequilibrada puede representar.

Amar mas lo libros que El Libro

Es una tentación latente. Los que están por lo menos medianamente habituados a la lectura, sabrán lo mucho que un libro puede atraparte, y mas si la temática que desarrolla es de nuestro agrado o de lo que no habíamos conocido antes.

No estoy para nada en contra de la lectura de otros libros además de la biblia, todo lo contrario, creo que es necesario tener buenos hábitos de lectura,  pero cuando leemos mas, o con mayor pasión, los libros que El libro, yo creo que no exagero al afirmar que estamos frente a un serio problema.

Es cierto que Dios ha dotado a hermanos con dones y habilidades increíbles para escribir y que pueden resultarnos mucho mas cómodo para leer que una lectura de las Crónicas de los Reyes por ejemplo. Sin embargo, hay algo que se produce cuando leemos la Escritura y que es único en la vida de cada persona:  Sus palabras son espíritu y son vida (Jn 6:63).

La lectura devocional y a manera de estudio, tiene el poder de producir algo que los libros no tienen; se trata de vida Eterna (Jn 5:39)

Debemos ser cuidadosos también, y esto debo mencionarlo, que los autores o libros que seleccionamos nos lleven a El Libro, eso es vital.

La falsa sensación de piedad

No podemos conocer a Dios nunca en toda su plenitud, pero cuanto conocemos lo que él ha revelado en las Escrituras, eso debe producir en nosotros temor, reverencia y una mejor adoración. Sin embargo, existe el peligro de acercarnos al conocimiento de ese Dios de una manera meramente intelectual, lo cual no va a ser de mucha ayuda a la hora de traducirse en una vida piadosa.

El conocimiento teológico puede llegar a crear una falsa sensación de piedad, el familiarizarse con ciertos conceptos puede hacer que nos sintamos demasiado llenos y satisfechos con ello. Le conocen “tanto” que ya no le temen.

Una de las características de los teólogos históricos no solo era su abundante conocimiento de la teología,  sino la vida de piedad que ese conocimiento producía.

La falta de amor con los que no piensan igual

Este si que es un peligro constante. Dios está permitiendo, y por lo menos en América Latina es evidente, un resurgir por las doctrinas bíblicas y un celo por la Palabra de Dios, especialmente en la juventud: blogueros, músicos, seminaristas, escritores y toda una ola que golpea con fuerza las murallas de la mundanalidad, la apostasía y el engaño.

Sin embargo uno de los rasgos mas característicos de éste movimiento, es la parcialización y la insistencia en crear marcas y etiquetas, lo que a su vez genera una especie de segregación, donde la mayor preocupación no es ganar en amor a un hermano, sino defender posiciones y posturas.

No quiere decir esto que tengamos que promover el ecumenísmo o una tolerancia dañina, pero si debemos examinar lo que el conocimiento está produciendo en nuestro corazón; El conocimiento envanece, pero el amor edifica (1 Cor 8:1b)

Debemos ser muy cuidadosos, no sea que al abrazar el intelectualismo evidenciemos la inmadurez propia de los Corintios, los cuales, habían cambiado la sencillez del evangelio por la complejidad del discurso filosófico, creando facciones dentro de la iglesia que no eran para edificación.

 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;  para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor. (1 Cor 1: 30-31)

Un vida de oración raquítica

El hecho de estar en contacto con todo lo relacionado al conocimiento de Dios, puede llevarnos, si no tenemos cuidado,  a un intelectualismo dañino, tal como lo hemos mencionado. Pero Dios no solo es conocido por nuestra mente sino por nuestro espíritu. Hay un conocimiento de Dios que proviene de la experiencia de una relación con él, y esta relación es palpable en una vida de oración.

No alcanza el espacio para mencionar la forma en que los hombres de Dios del pasado se relacionaban con él a través de una intensa comunión: Lutero, Bunyan, Suprgeon, Edwars, David Breinerd, solo por mencionar unos cuantos. Sus vidas eran intensas, su conocimiento de Dios era real y vívido y realmente reflejaban sus rostros que eran hombres que realmente conocían a Dios.

Es Spurgeon quien en su “Discurso a mis estudiantes” cita:

Todo lo que un curso universitario puede hacer por un alumno es rudimentario y externo, comparado con el culto espiritual y delicado obtenido a través de la comunión con Dios. Mientras el ministro no formado está girando en la rueda de la preparación, la oración es el instrumento del gran alfarero por medio de la cual El moldea la vasija. Todas nuestras bibliotecas y cuartos de estudio son vacíos, en comparación con el aposento secreto. Es allí donde crecemos donde nos hacemos fuertes y donde prevalecemos, en la oración secreta.

¿Acaso estas tan ocupado en tus libros, que no tienes tiempo para orar?

Una mala distribución del tiempo

Este, aunque lo menciono de último, no por ello resulta un peligro menor. Hace algún tiempo para acá he venido luchando con una disciplina de lectura que me permita aprovechar mejor el tiempo, después de todo, el no hacerlo pone en peligro mi tiempo con mi familia y otras obligaciones propias de mi vida cotidiana, entre ellas mi salud.

Yo pudiera ser un muy buen conocedor de la teología, pero un ignorante en mi rol de padre y esposo, y eso es una gran pérdida.

Quiera el Señor ayudarnos a mantener un equilibrio, que lo que conocemos se refleje en nuestra vida práctica de modo que el Señor sea glorificado en todo. Nuestra oración es que Dios pueda producir un avivamiento en Latinoamérica, con hombres que tengan no solo su cabeza llena de conocimiento, sino también un corazón que arda por Él.

Deseo que Dios te bendiga hoy.

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