Muchas iglesias/denominaciones llevan orgullosamente el nombre de “bíblica” como un distintivo que pretende comunicar la base, fuente u origen de sus más elementales creencias o sus más elaboradas filosofías, no obstante, así como Jesús advierte que “No todo el que me dice: Señor, Señor entrará en Reino de los Cielos” (Mateo 7:21a), no toda la que enarbola la bandera “bíblica” califica concomitante e íntegramente como bíblica per se.

A continuación tengo la intención de descifrar y establecer qué hace de una iglesia el ser bíblica, en otras palabras, qué iglesia califica para ser reconocida legítimamente como bíblica en el sentido estricto y específico del término.

Una iglesia estrícta y genuinamente bíblica es una iglesia que:

Proclama y profesa las Sagradas Escrituras como su única regla de fe y práctica

No basta con decir soy bíblico. No es suficiente con que una iglesia rotule su templo bajo tal epíteto. Se requiere mucho más; para ser llamados o reconocidos como bíblicos es menester creer y demostrar que la Biblia y solo ella es la brújula, el timonel, el ancla, la proa o el mástil (para usar metáforas relacionadas a la navegación) de nuestra expresión espiritual/devocional, diario andar y estilo de vida y que como resultado lleva nuestra nave a puerto seguro.

Es importante recalcar lo de única (regla), porque existe un destacado porcentaje de iglesias que se complacen en los aditivos, es decir, que aunque se proclaman bíblicas añaden componentes y suplementos, en algunos casos conscientemente, en otros por ignorancia, que atentan directamente contra la integridad escritural. Un ejemplo de ello es la conocida como apócrifa que incluye una especie de segundo canon (deuterocanónicos) más allá de los 66 libros oficialmente reconocidos que integran el canon bíblico. Otro ejemplo lo es aquellas iglesias que aun llamándose bíblicas predican otro evangelio o salpican sus credos con conceptos de humana sabiduría, tradiciones y huecas sutilezas (Colosenses 2:8).

Una iglesia estrictamente bíblica es aquella que se adhiere irrestrictamente a los asuntos que corresponden a la vida y a la piedad (II Pedro 1:3). Es aquella en cuyo haber la autoridad inicial y final se encuentra únicamente en la revelación bíblica tal y como Dios la dictó y eventualmente plasmó por medio a autores inspirados por el Espíritu Santo. (II Pedro 1:19-21)

Una iglesia elementalmente bíblica es aquella que reposa y se apoya en la suficiencia de las Escrituras, es decir, entiende y acepta que la Biblia es suficiente y enteramente capaz de transformar la vida del ser más vil y depravado y que fuera de ella no hay ciencia, sapiencia ni esencia que se la compare y añada a su depósito y propósito bajo ningunas circunstancias. (II Timoteo 3:16)

Francis Schaeffer una vez dijo: “La verdad bíblica es el único sistema que responde apropiadamente –lógica y racionalmente— a todas las interrogantes de la vida.”

Anuncia el Evangelio puro y sin mácula

Una iglesia bíblica parte de la premisa de que toda la Biblia gira en torno a un solo tópico. Todos los subtemas se componen y obran en conjunto (como si se confabularan o conspiraran) para sacar a flote y poner en el debido sitial de preeminencia a la persona y obra de nuestro Señor Jesucristo. Él es el eje central de las Escrituras, de toda ella brota cual manantial los espeluznantes y emocionantes detalles sobre la historia más cautivadora jamás contada que desemboca en el uni/primogénito Hijo de Dios, quien es el Mesías antes prometido y quien hoy es Rey sempiterno bajo el Reino de los Cielos, a quien pertenecen la gloria, honra, imperio, dominio, loor y prez (Colosenses 1:18; I Pedro 4:11).

Una iglesia bíblica se asegura de proclamar un evangelio bíblico (valga la redundancia); es una institución/organismo que se asegura de predicar a Cristo y Éste crucificado. No negocia con la fe, no baja los estándares y no se convierte o se propaga como una iglesia adaptable al “usuario promedio”. Hoy en día el mundo adolece de iglesias que han comprometido sus convicciones y con tal de ser “relevantes”, han cedido espacio y más que eso a las corrientes modernas y contemporáneas que procuran inculcar y perpetuar filosofías relativistas, liberales y humanistas sin mencionar el llamado Evangelio de la Prosperidad, Pare de Sufrir, Pensamiento Positivo, Auto-realización, etc., etc. que hacen hoy su agosto entre absortas, frenéticas e ingenuas turbas que como oveja al matadero son trasquiladas y en el peor de los casos, estranguladas (II Timoteo 4:3).

Si la iglesia cede en un ápice a los principios escriturales que definen el Evangelio, sea ésta anatema pues no es digna de ser llamada bíblica.

Predica todo el consejo de Dios

Para que una iglesia califique estrictamente como bíblica tiene necesariamente que predicar todo el consejo de Dios, de principio a fin, desde el Génesis hasta el Apocalipsis; no puede soslayar, discriminar ni ser selectiva en materia de revelación divina intencionada para todo miembro de la raza humana. La Biblia conforma un solo bloque con un tema central como un solo hilo que puede y debe ser hilvanado y trenzado al través de todo su desarrollo y desenlace. En otras palabras, el predicador/expositor debe ser fiel al texto y debe respetar los cimientos y componentes que presentan el plan de Dios como un cuadro único sin desviarse ni esgrimir porciones como subordinadas, secundarias u opcionales. El predicador/pastor serio no segmenta las Escrituras sino que las expone íntegramente tal y como Dios se aseguró de plasmarlas en los manuscritos originales.

La iglesia o predicador que se toma la libertad o se da el lujo de adulterar la Palabra, corre el riesgo de recibir justa remuneración y condenación. Precisamente al cierre de la revelación leemos la siguiente advertencia: “Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” (Apocalipsis 22:19). Quitar a la revelación (lo mismo que añadir) conlleva sus funestas consecuencias y por ende y por defecto descalifica a la iglesia como bíblica.

Mi oración es que nos aseguremos de honrar las Escrituras en todas sus anchas, apegándonos al texto y viviendo paralelamente conforme a Sus principios, mandamientos, preceptos, decretos y enseñanzas para que el resultado sea iglesias saludables que entonces podrán orgullosamente llamarse y propagarse como genuinamente bíblicas.

Foto: Edu Vasquez

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