Traducido por Jonathan Boyd – Ver artículo original en inglés

Por: Leonardo De Chirico

En semanas recientes el papa Francisco ha atraído atención mediática por afirmaciones que suenan controversiales incluso entre los círculos de los católicos romanos. Recientemente se le escuchó usando lenguaje ambiguo – por decir lo menos – con respecto a la existencia del Infierno para los que no creen. La Oficina de prensa de la Santa Sede respondió rápidamente a la controversia al decir que las palabras del papa sobre el Infierno no deberían “ser consideradas como una transcripción fiel de las palabras del Santo Padre”. Al hacer esto, el Vaticano hizo una observación periodística pero no aclaró la enseñanza real del papa sobre el Infierno.

Más recientemente (15 de abril, 2018) el papa Francisco dijo que los ateos van al Cielo, y así reforzó la impresión de que sus opiniones sobre la vida después de la muerte son un poco torpes en comparación con la posición estándar bíblica. Las dos afirmaciones, de hecho, tienen que ver con el destino eterno de las personas; la anterior sugiere la posibilidad de la aniquilación (es decir, la extinción del alma) y la posterior implica una forma de universalismo (es decir, todos serán finalmente salvos sin tener en cuenta su fe en Cristo).

“Ten confianza, él está en el Cielo con Él”

Este comentario público por el papa se dio en una visita pagada con una parroquia en un barrio residencial de Roma. Mientras conocía a niños y respondía a sus preguntas, un niño se acercó a él con lágrimas y le contó al papa la historia de su padre recién fallecido y le preguntó si su padre estaba en el cielo. El niño se aseguró de informarle al papa que su padre, aunque quería que sus hijos fueran bautizados, era ateo.

Entonces, ¿qué se debe decir a este niño quien lamentaba la muerte de su padre y pedía información sobre su destino eterno? Aquí está la respuesta dada por el papa Francisco.

“Ese hombre no tenía el don de la fe, no era creyente, pero hizo bautizar a sus hijos. Él tenía buen corazón. Y él tiene la duda de que su padre, por no haber sido un creyente, no está en el Cielo. El que dice quiénes van al Cielo es Dios. Pero, ¿cómo es el corazón de Dios frente a un padre así? ¿Cómo es? ¿Cómo os parece a vosotros? … ¡Un corazón de papá! Dios tiene el corazón de un papá. Y ante un padre no creyente, que fue capaz de bautizar a sus hijos y dar esa habilidad a sus hijos, ¿creéis que Dios podría dejarlo muy lejos de Él? […]  ¿Dios abandona a sus hijos? […] ¿Dios abandona a sus hijos cuando son buenos? […] Aquí, Emanuele, esta es la respuesta. Dios seguramente estaba orgulloso de tu padre, porque es más fácil ser creyente y bautizar a los hijos, que bautizarlos no siendo creyente. Seguramente esto a Dios le gustó mucho. Habla con tu padre, reza a tu padre. Gracias Emanuele por tu valor”. [Nota del traductor: usé la transcripción oficial del Vaticano, que era un poco más larga que la cita en el artículo. La transcripción está disponible en en este enlace]

Uno necesita apreciar el reto emocional de tener que responderle a un niño en dolor y con lágrimas. Hablar de un ser querido que ha fallecido recientemente es siempre difícil. Dicho eso, el primer compromiso de un cristiano debe ser siempre el de ser fiel al evangelio bíblico, y después compartir lo que la Biblia dice en maneras pastoralmente apropiadas y sensibles. Esto es precisamente lo que el papa no hizo, en más de un área. Ciertamente mostró compasión, pero ¿fue fiel a la Palabra de Dios?

El papa hizo varias afirmaciones incorrectas que se deben mencionar. Primero, la conexión que él hizo entre el padre como “buena persona” y la idea de que estuviera con Dios. ¿No dice la Biblia que no hay nadie justo ante Dios (Romanos 3:10-12) y que nuestra única esperanza es debido a que Jesucristo es la única “buena persona”, por medio de la cual podemos ser aceptados por Dios el Padre (p. ej. 2 Corintios 5:21)?

Segundo, ¿equivale el hacer que nuestros hijos sean bautizados con el creer en el Señor Jesús para nuestra salvación? ¿No es esta una versión de salvación por obras a la cual la Biblia siempre se opone (p. ej. Efesios 2:8-9)?

Tercero, ¿con base en la autoridad de quién fue dada la seguridad al niño? ¿Cómo puede una persona – incluso un papa – tener suficiente confianza para decir que un ateo está en el cielo? ¿No tienen los cristianos que depender de la autoridad de la Palabra de Dios, que enseña claramente que los que no creen serán condenados (p. ej. Juan 3:18)? ¿Tiene el papa la autoridad para cambiar eso? O ¿es su autoridad superior a la clara enseñanza bíblica?

Y cuarto, ¿cómo puede la exhortación de rezar por el padre y hablar con él cuadrar con la clara enseñanza bíblica que nos advierte que no hablemos con los muertos (p. ej. Deuteronomio 18:9) y que oremos solo a Jesús, el único Mediador entre Dios y los hombres? En vez de guiar al niño a Jesucristo, ¿por qué el papa lo dirigió a su padre muerto?

“Todos somos hijos de Dios”.

En esta respuesta el papa dio voz a toda una visión teológica que puede sonar compasiva y cálida, pero que finalmente desvía porque no es fiel a la Escritura. Aun más alarmante, la respuesta no surgió de un vacío. Fue, más bien, el clímax de un comentario previo en el cual el papa dijo que todos somos hijos de Dios. Aquí está la forma en que el papa plasmó este pensamiento:

“Todos somos hijos de Dios. Todos, todos. ¿También los que no están bautizados? Sí. ¿También los que creen en otras religiones, lejanos, que tienen ídolos? Sí, son hijos de Dios. ¿También los mafiosos son hijos de Dios? […] Sí, también los mafiosos son hijos de Dios. Prefieren comportarse como hijos del diablo, pero son hijos de Dios. Todos, todos son hijos de Dios, todos. […] Dios creó a todos, amó a todos y a todos les puso en el corazón la conciencia para reconocer el bien y distinguirlo del mal. […] Pero cuando tú has sido bautizada, en esa conciencia entró el Espíritu Santo y reforzó tu pertenencia a Dios […] Los mafiosos, ¿son hijos de Dios? [Los niños gritan “¡Sí!”] ¡Y tenemos que rezar para que vuelvan y reconozcan realmente a Dios!” [Nota del traductor: esta cita también  es copiadade la transcripción oficial del Vaticano, disponible en el mismo link que arriba.]

Aquí el papa Francisco reitera sus intentos de redefinir lo que significa ser un hijo de Dios. Para él, los hijos de Dios son todos: los creyentes cristianos, las personas bautizadas, los no creyentes, los ateos, las personas de otras religiones, los idólatras, etc. Él basa su afirmación en la creación y la relaciona con la conciencia humana. No hace mención del pecado y de la separación de Dios. Se refiere al bautismo como una manera de “reforzar” nuestra pertenencia a Dios, de intensificarla y de hacer algo que ya está ahí más relevante antes de que el bautismo suceda. La idea de que todos son hijos de Dios significa que todos serán salvos finalmente; esto desdibuja la distinción entre la naturaleza y la gracia, entre una persona creada y una persona salva. Evidentemente para el papa este fue el trasfondo para que él le asegurara al niño que su padre ateo estaba ya en el cielo.

Hay distorsiones serias en esta enseñanza papal. Todos los que creen en la Biblia, incluso entre los círculos católicos romanos, deben empezar a cuestionar bíblicamente el sistema teológico desviado del papa Francisco.


Leonardo De Chirico (1967) empezó y pastoreó una iglesia reformada bautista en Ferrara (en el norte de Italia) de 1997 a 2009. Desde 2009 ha estado involucrado en un proyecto de plantación de iglesias en Roma y ahora es pastor de la iglesia Breccia di Roma. Ha recibido títulos en Historia (Universidad de Bologna), Teología (ETCW, Bridgend, Gales) y Bioética (Universidad de Padova). Su doctorado es de King’s College (Londres) y su tesis fue publicada como Evangelical Theological Perspectives on Post-Vatican II Roman Catholicism (Bern-Oxford: Peter Lang 2003).

1 Comentario

  1. Parece mentira que todavía sigamos con estas ideas de cielo e infierno. San Agustín lo dijo muy bien: “Alejarse de Dios es morir, acercarse es vivir”. Nuestra alma, por pura lógica, existe y es inmortal, para poder estar con Dios si lo merece, en un éxtasis eterno de amor y gozo, donde ya no existirán ni el tiempo ni el espacio. No tiene “fecha de caducidad”. Lejos de Dios, no existe la muerte ni la vida, no existe nada. El mismo Lucifer, antes Luzbel, que antes de su rebeldía gozó del poder, la gloria y sobre todo y en plenitud, de la capacidad infinita de amar y ser amado de Dios, lejos de Él es el ser más desgraciado de toda la creación. Dios nos ha creado libres y somos nosotros con nuestros actos, los que decidiremos donde queremos estar, si en Dios o lejos de Él, cuando se acabe este tiempo de gracia, que Dios nos ha dado para poder merecerlo. Los Ángeles fueron creados “por las buenas”, sin mérito alguno por su parte, nosotros tenemos que aprovechar esta vida, para ganarnos estar con Él.

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