Nota del editor: Este artículo pertenece a una serie titulada: Yo le diría al Papa. El propósito de éstos, es proporcionar una respuesta bíblica y centrada a las doctrinas de la iglesia católica en el contexto de la visita del papa Francisco a Colombia.

Una pregunta que escuchamos frecuentemente de tanto católicos como protestantes es la siguiente: ¿Tenemos la misma Biblia? Es decir, ¿es la Biblia católica igual a la de los protestantes? Esta pregunta se puede contemplar desde varias ópticas, así que voy a responder Sí, Sí y No.

Sí, el mensaje es igual (si no te fijas en las notas).

Cuando un católico romano me pregunta si tenemos la misma Biblia, le digo que usamos traducciones diferentes pero que el mensaje es igual. La Iglesia Católica acepta siete libros y algunas adiciones que los protestantes no aceptamos como inspirados por Dios (más sobre eso abajo), pero estos libros no son doctrinales y la influencia de ellos sobre la teología es mínima. Así que, el mensaje principal no se altera por aceptar o no esos libros.

La Iglesia Católica usó la Vulgata (en latín)  por siglos y afirmó su autenticidad como Palabra de Dios en el Concilio de Trento (sesión 4 de 1546). Algunos se han enfocado en ciertos errores de la Vulgata, pero la verdad es que es una traducción bastante fiel al original. Por ejemplo, el mensaje de salvación está claramente traducido en la carta de Pablo a los Efesios en la Vulgata, una carta que he leído en latín. Como ejemplo, les comparto un pasaje clásico sobre la salvación (Ef 2:4-10) de la Vulgata con su traducción al español: (Este pasaje se encuentra aquí , vol. 6, p. 142)

Como el lector atento notará, esta traducción difiere muy poco de la Reina-Valera 1960 y algunas de las versiones católicas modernas difieren aun menos porque el papa Pío XII en su carta encíclica Divino afflante Spiritu (1943) abrió las puertas a la traducción de la Biblia desde los idiomas originales.

Mira, por ejemplo, como la Biblia de Jerusalén latinoamericana traduce Efesios 2:8-9: “Pues han sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de ustedes, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe”.

¡El evangelio está claramente traducido en estos versículos!

Así que, la diferencia entre  las versiones católicas y las versiones protestantes no radica tanto en la traducción como tal, sino en las notas de explicación. Para los protestantes, incluir notas de explicación ha sido una práctica con mucha historia pero no es indispensable. Creemos en la claridad de las Escrituras sobre las doctrinas fundamentales y por lo tanto las notas son opcionales (y falibles). En cambio, la Iglesia Católica en Dei Verbum de Vaticano II dice lo siguiente: “Incumbe a los pastores […] instruir oportunamente a los fieles a ellos encomendados, para que usen rectamente los libros sagrados, sobre todo del Nuevo Testamento y especialmente los Evangelios, por medio de traducciones de los sagrados textos, que estén provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas Escrituras y se compenetren de su espíritu” (CONC. VAT. II, Verbum Dei, núm. 25). En otras palabras, las notas son necesarias para que la gente no se desvíe de la interpretación correcta (léase católica) y la gran mayoría de las Biblias católicas las incluyen.

Aunque el mensaje de la Biblia puede ser igual, las notas son diferentes y a veces pueden desviar al lector. Un ejemplo clásico es Mateo 13:55-56, versículos que hablan de los “hermanos” de Jesús. En algunas Biblias católicas, las notas explican que la palabra “hermano” puede referirse a otro grado de parentesco como primo o sobrino, una interpretación que descansa en la doctrina de la Iglesia Católica mas no en una lectura normal del pasaje.

Ahora, de igual forma que pasa con la variedad de Biblias protestantes, hay una gama de traducciones diferentes en el mercado católico y la traducción de toda Biblia católica y las notas no son de la misma calidad. Algunas Biblias católicas manifiestan más una tendencia hacia la enseñanza del magisterio de la Iglesia Católica que otras y en mi concepto las que se interesan más en el texto de las Escrituras que en los dogmas de la Iglesia Católica son más fieles. Por ejemplo, la Biblia de Jerusalén (Desclée De Brouwer) me parece bastante fiel en su traducción y las notas, por lo general, ayudan en la comprensión del texto.

Sí, el mensaje es igual (pero con diferencias sutiles)

Aunque he dicho que la diferencia más grande entre las Biblias católicas y las protestantes es la cuestión de las notas, también he notado otras diferencias sutiles. Estas diferencias giran en torno a ciertas doctrinas católicas.

Una de las enseñanzas clave de la Reforma protestante fue sobre la justificación por la sola fe y he notado diferencias en algunas versiones católicas precisamente en pasajes que enseñan esta doctrina. Nota un par de ejemplos que tienen que ver con la traducción del verbo δικαιόω (dikaióo, justificar):

En la Biblia de nuestro pueblo (BNP), vemos que se traduce el verbo de varias formas incluso en el mismo contexto (subrayaré la traducción del verbo en cada versículo).

Romanos 3:20 “Por eso nadie será justificado ante Dios por haber cumplido la ley, ya que la ley se limita a hacernos conocer el pecado”.

Romanos 3:24 “Pero son perdonados sin merecerlo, generosamente, porque Cristo Jesús los ha rescatado”.

Romanos 3:26 “y demuestra su justicia en el presente siendo justo y haciendo justos a los que creen en Jesús”.

Romanos 3:28 “Porque nosotros afirmamos que el hombre es justificado por la fe, independientemente de las obras de la ley”.

Romanos 3:30 “porque no hay más que un solo Dios que justifica por medio de la fe a los judíos circuncisos y a los paganos incircuncisos”.

Romanos 4:5 “Al que no hace nada, sino que se fía en el que hace justo al malvado, se le tiene en cuenta la fe para su justificación”.

Romanos 8:33 “¿Quién acusará a los que Dios eligió? Si Dios absuelve”.

Como es el mismo verbo en el mismo contexto, lo mejor es traducirlo de forma consistente para que el lector pueda entender como Pablo usa el verbo en el contexto. Cambiar la traducción cada dos versículos del mismo verbo cuando se trata del mismo significado no ayuda al lector. Es más, usar la traducción “hacer justo” va en contra del uso de Pablo, ya que él usa el término para hablar de un asunto forense o legal. Romanos 8:33 es claro sobre esto y todos los versículos citados arriba tienen más sentido si traducimos el verbo δικαιόω (dikaióo) de forma consistente con una forma del verbo “justificar” en el sentido de “declarar justos”. La traducción “hacer justos” apoya perfectamente la teología católica que dice que la justificación es un proceso, no una declaración (Ver El catecismo de la Iglesia Católica, 1987-1995). Sin embargo, la doctrina bíblica no confunde la justificación con la santificación. La justificación, como se nota en los versículos citados de Romanos, es una declaración de Dios el juez a favor del “malvado” por los méritos de Cristo (Ver artículo sobre la justificación).

No, hay una diferencia con siete libros y otras adiciones

Aunque normalmente digo que el mensaje es igual, debemos reconocer que hay una diferencia sobre siete libros (Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc) y algunas secciones añadidas del griego (Ester y Daniel). Los católicos romanos les dicen a estos libros “deuterocanónicos” y los protestantes “apócrifos”.

¿Por qué las iglesias protestantes no aceptan estos libros? Resumamos en breve las razones:

  • Pablo dice en Romanos 3:2 que una ventaja que tienen los judíos es que “les ha sido confiada la palabra de Dios”. En otras palabras, Dios les entregó a los judíos su Palabra y los judíos nunca han aceptado estos libros como Escritura. Algunos eran considerados importantes como fuentes históricas (p. ej. 1 Macabeos) pero no como Escritura.
  • Jesús y los apóstoles nunca citan ninguno de estos libros como Palabra de Dios.
  • Ni siquiera los padres que la Iglesia Católica honra de los siglos dos al cinco estaban de acuerdo sobre este asunto. Por ejemplo, san Jerónimo, el traductor de una gran parte de la Vulgata, no aceptaban estos libros como inspirados por Dios mientras que san Agustín sí los aceptaban. Había debates en el Concilio de Trento sobre este punto aunque no se ven reflejados en los decretos finales.
  • Estos libros contienen errores claros. El ejemplo más grave es el libro de Judit, el cual repetidas veces dice que Nabucodonosor era rey de los asirios en la ciudad de Nínive. Sobre el libro de Judit, las notas de la Biblia de Jerusalén dicen: “Los nombres y referencias geográficos o históricos son pura ficción”. Un libro inspirado por Dios no puede tener errores, ya que Él no miente y no se contradice.

Al igual que los cristianos de los primeros siglos, debemos entender el valor histórico de algunos de estos libros sin aceptarlos como inspirados por Dios. Al fin y al cabo, nuestra actitud hacia estos libros tiene que ver con nuestra posición respecto a la Iglesia Católica. ¿Es la Iglesia Católica la autoridad absoluta para determinar cuáles libros son canónicos o más bien dan testimonio los libros canónicos de su misma inspiración? La respuesta clara de la Reforma protestante, basada en la Palabra de Dios, ha sido que la Escritura es autoatestiguadora; su inspiración se acepta, no se decreta. La autoridad de las versiones de la Biblia descansa en la relativa fidelidad de su traducción de la Palabra inspirada: a medida que una versión (católica o protestante) fielmente traduzca los libros inspirados de Dios, es Palabra de Dios.

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